Extraño la puerta de atrás de tu cuerpo
aquella mirada obsesionada de pasos
el domicilio donde se escurre el Eden
debajo del vientre de cualquier tierra de nadie.
Extraño la ineptitud de mi boca
cuando me inspirabas a comerte la lengua
y tú me entregabas la ciudad prohibida
capturada del cielo y el infierno de tu huella.
Extraño tus condiciones y tus delirios
cuando enamorada me sangraban espasmos cobrizos
cuando desnuda, te entregaba la luna.
Extrañada de no saber de ti en mis laberintos
teniéndote cada noche en mi espalda
extrañada y fugitiva de tus sueños, bajo la lluvia.
Extraño peregrinar el roce de tus entrañas
cuando me nombras y yo, no puedo componer
la palabra exacta, la que hace leyenda en tu piel.
.
martes, 29 de noviembre de 2011
domingo, 27 de noviembre de 2011
Remolinos
Devuélveme tan sólo una palabra
que anide en la infinitud del relámpago
que me eleve a tu cielo de helechos
que no entienden de huesos sin florecer
de una piel de incertidumbres
en las vértebras del trueno
en el jaleo de la naturaleza fragmentada
resistiendo un segundo más
hasta que no queden parquedades de besos
y cada boca exiliada en un vino dulce de anémonas
un rompeolas que arranque pasos sin cicatrizar
esta pizca de sueños que me vuelven loca
porque no encuentro tu olor en las calles desalmadas
echándote de menos al anunciarse el alba de algas
y tú, escindido de Itaca, en los remolinos de la esperanza.
Pase lo que pase, quisiera ser tu voz, un instante, al menos
sin que tus pies, huyan de mis horizontes.
que anide en la infinitud del relámpago
que me eleve a tu cielo de helechos
que no entienden de huesos sin florecer
de una piel de incertidumbres
en las vértebras del trueno
en el jaleo de la naturaleza fragmentada
resistiendo un segundo más
hasta que no queden parquedades de besos
y cada boca exiliada en un vino dulce de anémonas
un rompeolas que arranque pasos sin cicatrizar
esta pizca de sueños que me vuelven loca
porque no encuentro tu olor en las calles desalmadas
echándote de menos al anunciarse el alba de algas
y tú, escindido de Itaca, en los remolinos de la esperanza.
Pase lo que pase, quisiera ser tu voz, un instante, al menos
sin que tus pies, huyan de mis horizontes.
Cóncedeme las horas que no quieras
el instante en el que el mar es ahora
una montaña que guarda una flor
préstame las alas de psique
el Amor tendido al Sol
entrégame un escalofrío de la pasión
la excitación de un árbol en primavera.
Quiero que me mientas y me digas
que tu suerte es mi suerte
antes que reviente la indulgencia del silencio
y yo no sepa dónde se pierde la brevedad de la vida.
el instante en el que el mar es ahora
una montaña que guarda una flor
préstame las alas de psique
el Amor tendido al Sol
entrégame un escalofrío de la pasión
la excitación de un árbol en primavera.
Quiero que me mientas y me digas
que tu suerte es mi suerte
antes que reviente la indulgencia del silencio
y yo no sepa dónde se pierde la brevedad de la vida.
Monotonías en este tiempo
que se escapa sin entender
qué es lo que sucede con la luz
acaso alguien dijo que la luz no sangra
y yo me lo creí...
Se escapan las horas, la Luna
huye todo y yo no sé dónde aferrarme
pudiera ser por mis malas costumbres
de creerme entre las sombras
y de tanta rutina ya no sé dónde el Sur.
que se escapa sin entender
qué es lo que sucede con la luz
acaso alguien dijo que la luz no sangra
y yo me lo creí...
Se escapan las horas, la Luna
huye todo y yo no sé dónde aferrarme
pudiera ser por mis malas costumbres
de creerme entre las sombras
y de tanta rutina ya no sé dónde el Sur.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Culpable
Te voy a enjuiciar en mi piel
con el veredicto de culpable.
Culpable por no llegar a tiempo
por no saber gobernar el mar
aquí, entre mis montañas.
Por contagiarme tu silencio
apurarme como si fuera de malvas
y no manantial de siropes.
Te decretaré mío ante las mareas
en el silencio amortajado
en el magisterio del amor.
Sentenciado a vagar en mis ojos
buscando hasta tu propio nombre
tu instante pétreo, que me queme.
.
con el veredicto de culpable.
Culpable por no llegar a tiempo
por no saber gobernar el mar
aquí, entre mis montañas.
Por contagiarme tu silencio
apurarme como si fuera de malvas
y no manantial de siropes.
Te decretaré mío ante las mareas
en el silencio amortajado
en el magisterio del amor.
Sentenciado a vagar en mis ojos
buscando hasta tu propio nombre
tu instante pétreo, que me queme.
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jueves, 24 de noviembre de 2011
Con toda mi energía me sumerjo en la memoria
de la vieja costumbre, irresistible, de soñar
arriesgando a mi amante oscuridad
contra mi amante y vehemente signo de luz
como la mordedura de una mantis religiosa
después de un sexo de aspecto placentero
más miserable que la verdad de la muerte esperada.
Fascinada por la aparición de tu rostro
que nunca esperé encontrar, hay un nuevo sueño
una mordedura, una garra, un coxis ancestral
para acorralarte, un deseo de sauces
una escisión en una laguna laberíntica
entre tus brazos, en la rueda kármica.
de la vieja costumbre, irresistible, de soñar
arriesgando a mi amante oscuridad
contra mi amante y vehemente signo de luz
como la mordedura de una mantis religiosa
después de un sexo de aspecto placentero
más miserable que la verdad de la muerte esperada.
Fascinada por la aparición de tu rostro
que nunca esperé encontrar, hay un nuevo sueño
una mordedura, una garra, un coxis ancestral
para acorralarte, un deseo de sauces
una escisión en una laguna laberíntica
entre tus brazos, en la rueda kármica.
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